Ingerir menos calorías y hacer ejercicio son fórmulas igualmente beneficiosas para reducir peso, según un estudio publicado hoy y que desafía algunos de los principios de la industria de la dieta y la salud.
Las pruebas realizadas en personas con sobrepeso demostraron que “una caloría es una caloría, la pierdas gracias a la dieta o al ejercicio físico”, sostienen los investigadores estadounidenses autores del estudio.


Afirman que “no existe modo alguno de reducir específicamente, las grasas en la barriga o de conseguir unos muslos firmes”, y agregan que “añadir masa muscular no estimula el metabolismo ni ayuda a perder peso a las personas que realizan una dieta”.
El doctor Eric Ravussin, del centro de investigación biomédico de Pennington, integrado dentro de la universidad estatal de Louisiana en la localidad de Baton Rouge, explicó que “la clave reside en las calorías”.
Para el estudio, publicado en el “Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism”, se analizó a 24 personas, de las que la mitad recibieron una dieta calórica inferior en un 25 por ciento a la habitual, mientras que los otros doce, además de llevar a cabo una dieta sólo reducida en un 12,5 por ciento, realizaron ejercicio físico cinco veces a la semana durante seis meses.
Los resultados mostraron que los voluntarios de ambos grupos perdieron cerca de un diez por ciento de su peso corporal y el 24 por ciento de sus grasas.
Además, redujeron en un 27 por ciento la grasa visceral, considerada la más peligrosa y relacionada con las enfermedades coronarias y con la diabetes.
En cambio, la distribución de las grasas en el cuerpo no se vio alterada en ninguno de los casos, lo que sugiere, según Ravussin, que “los individuos están genéticamente programados para almacenar grasas de una forma particular, y que esa distribución es difícilmente modificable”.
Otro objetivo del estudio era investigar si ingerir menos calorías ayuda a la gente a vivir más tiempo, ya que algunas dietas probadas en animales -desde perros a gusanos- certificaron esta hipótesis, pero requiere mucho más tiempo observar los resultados en humanos. El Economista