Al menos 82 jóvenes han muerto por participar en un “juego de estrangulación” desde 1995, según muestra un informe gubernamental reciente.
Conocido también como “juego del apagón”, “ruleta de la asfixia”, “juego de la bufanda”, “mono espacial” y otros nombres, la actividad conlleva tratar de estrangularse uno mismo o a otra personas de manera intencional, con las manos o con algún tipo de lazo para alcanzar un breve estado eufórico.

Aparentemente, los jóvenes esperan lograr una “sensación agradable y de ensueño”, explicó Robin L. Toblin, del National Center for Injury Prevention and Control de los U.S. Centers for Disease Control and Prevention.
“Casi ninguno de los padres cuyos hijos murieron conocía ni estaba familiarizado con esta actividad antes de la muerte del niño. Por lo tanto, es importante que padres, educadores y proveedores de atención de salud conozcan el juego del estrangulamiento y aprendan a reconocer las señales de advertencia”, apuntó Toblin. “Si los padres creen que sus hijos lo están jugando, deberían hablarles sobre el mortal peligro que representa y, si es necesario, buscar ayuda adicional”.
Es probable que durante generaciones se hayan jugado juegos similares, según Toblin, cuyo informe aparece en la edición del 15 de febrero de la revista de los CDC, Morbidity and Mortality Weekly Report. “Lo novedoso es que los jóvenes lo están jugando solos y usando ligaduras que son factores de riesgo que hacen que sea más probable que mueran por causa de la actividad”, señaló.
Casi el 96 por ciento de las muertes para las que había suficientes detalles disponibles ocurrieron cuando el joven se encontraba solo y el 93 por ciento de los padres no sabía nada sobre el juego antes de la muerte de su hijo.
Las ligaduras pueden incluir camisetas, bufandas, cuerdas de puenting, correas de perros y otras cosas, afirmó Toblin, quien declaró el jueves durante una teleconferencia.
Este informe es el primero en intentar medir la magnitud del problema a escala nacional. La única información anterior sobre la prevalencia del juego provenía de una encuesta de jóvenes en Ohio, que encontró que el once por ciento de los jóvenes entre los 12 y los 18 años, y que el 19 por ciento de los jóvenes de 17 y 18 informaban haber jugado en algún momento.
Debido a que el juego de ahorcamiento no se menciona en los certificados de defunción ni en ninguna base de datos de salud pública, los investigadores de los CDC dependieron de informes en los medios desde los 70, además de información en dos sitios Web dedicados a la concienciación sobre este problema. Las muertes mencionadas en el sitio Web sólo se incluyeron en el informe si también eran mencionadas en informes noticiosos.
Se informó sobre la primera muerte en las noticias por el juego de ahorcamiento en 1995. Entre 1995 y 2004 se informó sobre tres o menos muertes de esa naturaleza.
Sin embargo, esa cifra aumentó a 22 en 2005 y a 35 en 2006. Durante los diez primeros meses de 2007, el número se redujo de nuevo a nueve muertes. “No se sabe si menos niños están realizando la actividad o si menos medios están informando al respecto”, apuntó Toblin.
Más del 86 por ciento de las muertes fueron en varones y la mayoría ocurrió en el rango de edad de once a dieciséis (en general, el rango de edad fue de seis a 19 años, con una edad media de trece años).
En cambio, las muertes por suicidio atribuidas a ahorcamientos o ahogamientos tendieron a aumentar cada año y llegar a su punto máximo a los diecinueve años de edad. El informe no contemplaba los intentos de suicidio o la actividad autoerótica, que se consideran como una forma distinta de conducta. Tampoco contemplaba las lesiones por el juego del estrangulamiento, que pueden incluir pérdida de la conciencia, conmoción cerebral, fracturas, hemorragias oculares, además de discapacidades neurológicas permanentes, como las convulsiones.
Se identificaron muertes en 31 estados, sin concentración geográfica. El informe también incluyó estudios de caso de dos individuos que murieron.
El primero fue sobre un niño de trece años que murió en el hospital una hora después de que su madre lo encontró en una esquina de su habitación con un cinturón alrededor del cuello. Luego de su muerte, los adolescentes informaron al director de una agencia local de consejería que se había practicado el juego en fiestas de la localidad. El segundo caso fue de una niña de trece años a quien su hermano encontró muerta una mañana, colgada de un cinturón y cordón de zapato que habían sido usados para formar un lazo en la puerta del armario de su habitación. Había muerto la noche anterior. Antes de su muerte, la niña había dicho a una prima que jugaba a la estrangulación en el vestuario de su escuela, y que otro grupo de niñas de su escuela había sido suspendido por hacerlo.
Entre las señales de advertencia de que un niño podría estar participando en este juego se encuentran:

  • discusión del juego, lo que incluye otros términos para denominarlo;
  • ojos enrojecidos;
  • marcas en el cuello;
  • dolores de cabeza intensos;
  • desorientación después de pasar tiempo solo;
  • sogas, bufandas y cinturones atados a los muebles o picaportes de la habitación o atados en el suelo;
  • presencia inexplicable de cosas como correas de perro, gargantillas y cuerdas de puenting.

Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango