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El incesto es la última barrera. Cuando ya la sociedad acepta, al menos legalmente, casi cualquier relación entre adultos, todavía las luces rojas se encienden si se trata de dos hermanos. Pero los casos de Patrick Stuebing y Susan Karolewski en Alemania y de Daniel y Rosa Moya en España demuestran que es posible que dos parientes cercanos se enamoren y formen una familia como las demás. El distinto tratamiento —con papeles en el caso español, con condena en el alemán— muestra que ni siquiera en dos países de la Union Europea el criterio es el mismo. Y es que hablar de hermanos que se quieren y que tienen sexo e hijos es de difícil encaje social y legal.
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